son cosas que no se te ocurren hasta que no intentás decirlas
son cosas que no ves hasta que no se te ocurre mirarlas
son cosas que no están hasta que no se te ocurre que estén
son cosas que son, incluso cuando no creés posible que sean
son cosas que se perciben, aunque a veces no te des cuenta
son, aunque no lo creas
son tus ideas
Opinión y pensamiento
un oasis entre tanto boludeo, para pensar tranquilos sin ser juzgados ni sentirnos cohibidos por tanto prejuicio que anda suelto por ahí
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jueves, 24 de junio de 2010
domingo, 16 de mayo de 2010
El sueño
sana sencillez
brillante quietud
agitado descanso
innata pureza
sencilla hermosura
y la calma feroz.
brillante quietud
agitado descanso
innata pureza
sencilla hermosura
y la calma feroz.
jueves, 11 de junio de 2009
Muñeco
El muñeco era feliz. No pedía mucho: que lo quisieran y que, cada tanto, no muy seguido, lo mimaran, jugaran con él. El niño lo quería mucho. Durante toda su infancia el muñeco estuvo a su lado: fue su mejor amigo, su fiel compañero. Cuando el niño no quería salir de la cama en las frías mañanas de invierno, él le sonreía y le daba ánimos. Si, al mediodía, no quería almorzar, él le prometía que se quedaría con él hasta que terminara de comer. Por las tardes, se reían juntos en sus fantasías infantiles. Y a la noche, cuando sus padres apagaban la luz y la oscuridad lo aterrorizaba, el muñeco lo abrazaba hasta que se dormía, haciéndolo olvidar sus miedos y soñar con sonrisas y juegos. El muñeco fue caballero, caballo y espada; el niño fue rey, caballero y soldado. El muñeco fue barco y el niño fue marinero, y un día, el muñeco fue marinero, y el niño, capitán. Tan felices eran ellos dos en esas épocas en que el niño fue niño...
El problema del muñeco, como podrás ver, fue cuando el niño creció.
El problema del muñeco, como podrás ver, fue cuando el niño creció.
jueves, 4 de junio de 2009
La uva y el vino
"Un hombre de las viñas habló, en agonía, al oído de Marcela. Antes de morir, le reveló su secreto:
-La uva -le susurró- está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos."
Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos"
-La uva -le susurró- está hecha de vino.
Marcela Pérez-Silva me lo contó, y yo pensé: Si la uva está hecha de vino, quizá nosotros somos las palabras que cuentan lo que somos."
Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos"
El origen del mundo
"Hacía pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, reién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano removía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa beata, mujer de misa diaria, mientra el hijo, un niño pequeño, le recitaba el crsitianismo.
Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo contó: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna y el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones.
-Pero papá -le dijo Josep, llorando-. Si Dios no existe, ¿quién hizo el mundo?
-Tonto -dijo el obrero, cabizbajo, casi en secreto-. Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles. "
Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos"
Mucho tiempo después, Josep Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo contó: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna y el muy ateo, el muy tozudo, no entendía razones.
-Pero papá -le dijo Josep, llorando-. Si Dios no existe, ¿quién hizo el mundo?
-Tonto -dijo el obrero, cabizbajo, casi en secreto-. Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles. "
Eduardo Galeano, "El libro de los abrazos"
jueves, 15 de mayo de 2008
Mano de obra (para pensar un poco)
Mohammed Ashraf no va a la escuela.
Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo.
Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco.
Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños.
Eduardo Galeano, “Bocas del Tiempo”
Me impactó mucho cuando lo leí la primera vez... La segunda no entendía muy bien cómo un chiquito podía, desde los cinco años, ser un esclavo así. Y la tercera vez que lo leí, después de entender que un ser humano (igual que él) le impuso esto, me llenó de odio.
Bronca, impotencia...
Desde que sale el sol hasta que asoma la luna, él corta, recorta, perfora, arma y cose pelotas de fútbol, que salen rodando de la aldea paquistaní de Umar Kot hacia los estadios del mundo.
Mohammed tiene once años. Hace esto desde los cinco.
Si supiera leer, y leer en inglés, podría entender la inscripción que él pega en cada una de sus obras: Esta pelota no ha sido fabricada por niños.
Eduardo Galeano, “Bocas del Tiempo”
Me impactó mucho cuando lo leí la primera vez... La segunda no entendía muy bien cómo un chiquito podía, desde los cinco años, ser un esclavo así. Y la tercera vez que lo leí, después de entender que un ser humano (igual que él) le impuso esto, me llenó de odio.
Bronca, impotencia...
lunes, 12 de mayo de 2008
La Educación: ¿un mal necesario?
Sabemos que, aunque algunos no lo hagan, los niños de todo el mundo deberían ir al colegio. Pero… ¿Cuál es la educación que reciben ahí? ¿Por qué es “tan” importante? ¿Es importante?
Los niños preguntan, cuando son niños: “¿Por qué tengo que ir a la escuela?”. Y la respuesta es siempre: “Para aprender”. Con eso crecen los niños, y por eso al crecer no se lo replantean. O quizás sí, pero en su conciencia resuena siempre la antigua respuesta. La mayoría de ellos termina el colegio y sigue, luego, con su vida.
La gran pregunta es: ¿Es verdad? ¿Vamos a la escuela a aprender? Yo creo que no. Creo que no vamos a la escuela a aprender, sino a ser enseñados. Yo veo una gran diferencia entre esas dos expresiones. Aprender, se puede aprender solo, se puede aprender mirando, copiando. Ser enseñado, en cambio, es menos libre. Porque al aprender vemos muchas cosas y tomamos las que concuerdan con nosotros, pero al ser enseñados, vemos lo que el otro nos muestra. Y el otro nos muestra lo que quiere que aprendamos.
Por eso, creo yo, cuando somos niños, que es cuando estamos más atentos al mundo (justamente por esta necesidad de aprender), cuando damos más importancia a la opinión de los demás, se nos pone en una institución que nos enseñe. Nos llena la cabeza con cosas que, si bien serán útiles en nuestra vida adulta, no lo son en ese momento. Por eso, en vez de prestar atención al mundo, prestamos atención a nuestros profesores y maestros. Cuando no estamos en la escuela, nos mantienen la cabeza ocupada con tareas, deberes, o estudiando para pruebas.
¿Y qué es lo que se nos enseña? ¿Se nos muestra cómo llevar adelante una casa? ¿Cómo conseguir alimento? ¿Cómo aportar algo a la sociedad? ¿Cómo ayudar a sus miembros? No. Se nos enseñan trivialidades, aunque se les da suma importancia. ¿En qué año Colón descubrió América? Fácil, 1492. Todos lo sabemos. Pero, ¿a quién le importa? ¿A quién le modifica algo?
Otro punto: cómo se nos plantean los temas.
“¡Un aplauso para Colón que descubrió América!” Y todos los chicos aplauden, sonrientes. Admiran a este nuevo héroe que acaban de conocer. Porque sus maestros lo presentaron como tal: un amigo, un benefactor. ¿Qué clase de maestro sería el que contara cómo nuestro héroe Colón asesinó a tantas personas americanas, dueñas legítimas de las tierras que les fueron arrebatadas? ¿La cantidad de mujeres que violaron? ¿De niños que, probablemente, debieron presenciarlo? ¿De bebés muertos de las formas más horribles, sin siquiera conciencia de lo que sucedía, envueltos en llanto? ¿Qué clase de maestro sería aquél que contara la verdad pura, los hechos reales, cruentos? Por supuesto, existen profesores de esta naturaleza, que ansían revelar la verdad a sus alumnos, deseosos de abrir sus pequeñas mentes a nuevos conocimientos, conocimientos reales. Mi felicitación más sincera a esta minoría de verdaderos héroes.
Pido perdón si parezco ensañada con el “descubrimiento” de América, pero en realidad es un recuerdo relacionado con el tema lo que me movió a escribir estas líneas.
El último de estos párrafos va dedicado a todas aquellas personas que no creen que es demasiado tarde. Más específicamente, a todos los profesores, maestros, estudiantes de profesorado, futuros estudiantes de profesorado, y, más especialmente, padres, madres, futuros padres y madres que no creen que es demasiado tarde. Por favor, no permitan que los niños crezcan condicionados a pensar como algunos quieren, o necesitan, que piensen. Si los niños son el futuro, ¿qué futuro quieren que haya si ellos no pueden decidir por sí mismos qué pensar, qué creer, qué elegir? Por favor, eduquen a los niños en la libertad de pensamiento y de expresión. Por favor, eduquen a los niños, no los condicionen. Por favor, instruyan a los niños, no los destruyan.
Por Sofía Zakrajšek.
Los niños preguntan, cuando son niños: “¿Por qué tengo que ir a la escuela?”. Y la respuesta es siempre: “Para aprender”. Con eso crecen los niños, y por eso al crecer no se lo replantean. O quizás sí, pero en su conciencia resuena siempre la antigua respuesta. La mayoría de ellos termina el colegio y sigue, luego, con su vida.
La gran pregunta es: ¿Es verdad? ¿Vamos a la escuela a aprender? Yo creo que no. Creo que no vamos a la escuela a aprender, sino a ser enseñados. Yo veo una gran diferencia entre esas dos expresiones. Aprender, se puede aprender solo, se puede aprender mirando, copiando. Ser enseñado, en cambio, es menos libre. Porque al aprender vemos muchas cosas y tomamos las que concuerdan con nosotros, pero al ser enseñados, vemos lo que el otro nos muestra. Y el otro nos muestra lo que quiere que aprendamos.
Por eso, creo yo, cuando somos niños, que es cuando estamos más atentos al mundo (justamente por esta necesidad de aprender), cuando damos más importancia a la opinión de los demás, se nos pone en una institución que nos enseñe. Nos llena la cabeza con cosas que, si bien serán útiles en nuestra vida adulta, no lo son en ese momento. Por eso, en vez de prestar atención al mundo, prestamos atención a nuestros profesores y maestros. Cuando no estamos en la escuela, nos mantienen la cabeza ocupada con tareas, deberes, o estudiando para pruebas.
¿Y qué es lo que se nos enseña? ¿Se nos muestra cómo llevar adelante una casa? ¿Cómo conseguir alimento? ¿Cómo aportar algo a la sociedad? ¿Cómo ayudar a sus miembros? No. Se nos enseñan trivialidades, aunque se les da suma importancia. ¿En qué año Colón descubrió América? Fácil, 1492. Todos lo sabemos. Pero, ¿a quién le importa? ¿A quién le modifica algo?
Otro punto: cómo se nos plantean los temas.
“¡Un aplauso para Colón que descubrió América!” Y todos los chicos aplauden, sonrientes. Admiran a este nuevo héroe que acaban de conocer. Porque sus maestros lo presentaron como tal: un amigo, un benefactor. ¿Qué clase de maestro sería el que contara cómo nuestro héroe Colón asesinó a tantas personas americanas, dueñas legítimas de las tierras que les fueron arrebatadas? ¿La cantidad de mujeres que violaron? ¿De niños que, probablemente, debieron presenciarlo? ¿De bebés muertos de las formas más horribles, sin siquiera conciencia de lo que sucedía, envueltos en llanto? ¿Qué clase de maestro sería aquél que contara la verdad pura, los hechos reales, cruentos? Por supuesto, existen profesores de esta naturaleza, que ansían revelar la verdad a sus alumnos, deseosos de abrir sus pequeñas mentes a nuevos conocimientos, conocimientos reales. Mi felicitación más sincera a esta minoría de verdaderos héroes.
Pido perdón si parezco ensañada con el “descubrimiento” de América, pero en realidad es un recuerdo relacionado con el tema lo que me movió a escribir estas líneas.
El último de estos párrafos va dedicado a todas aquellas personas que no creen que es demasiado tarde. Más específicamente, a todos los profesores, maestros, estudiantes de profesorado, futuros estudiantes de profesorado, y, más especialmente, padres, madres, futuros padres y madres que no creen que es demasiado tarde. Por favor, no permitan que los niños crezcan condicionados a pensar como algunos quieren, o necesitan, que piensen. Si los niños son el futuro, ¿qué futuro quieren que haya si ellos no pueden decidir por sí mismos qué pensar, qué creer, qué elegir? Por favor, eduquen a los niños en la libertad de pensamiento y de expresión. Por favor, eduquen a los niños, no los condicionen. Por favor, instruyan a los niños, no los destruyan.
Por Sofía Zakrajšek.
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